Biografías principales candidatos

Fecha de publicación: 02/2017

El 19 de febrero de 2017 el Ecuador celebra las elecciones presidenciales, simultáneas a los comicios a la Asamblea Nacional y con una eventual segunda vuelta el 2 de abril, de las que saldrá el sucesor de Rafael Correa, cuyo segundo mandato de cuatro años iniciado en 2009 con arreglo a la Constitución de 2008 expira el 24 de mayo. Con este documento, que forma parte del Dossier Elecciones Ecuador 2017, CIDOB presenta a los principales aspirantes a la jefatura del Estado sudamericano, con sus semblanzas personales y sus propuestas políticas para esta campaña. Aparte, puede consultarse la sección dedicada a Ecuador en el servicio de información del CIDOB Biografías Líderes Políticos. (Este documento tiene cobertura informativa hasta 10/2/2017).


Lenín Moreno Garcés (Frente UNIDOS/Alianza PAIS)
Guillermo Lasso Mendoza (Alianza por el Cambio/Creando Oportunidades, CREO)
Cynthia Viteri Jiménez (Partido Social Cristiano, PSC)
Paco Moncayo Gallegos (Acuerdo Nacional por el Cambio/Izquierda Democrática)

Perfil de Lenín Moreno

Para Lenín Voltaire Moreno, a semejanza del ministro alemán Wolfgang Schäuble -por otro lado tan distante ideológicamente de él-, quedarse inválido a causa de una absurda agresión física fue un infortunio cruel del que no solo se sobrepuso, sino que lo concibió como un reto de superación individual para alcanzar metas más ambiciosas o elevadas en la vida. Natural de Nuevo Rocafuerte, minúscula localidad del Oriente amazónico asomada a la frontera peruana e hijo de maestros de escuela de pensamiento de izquierda, tras licenciarse en Administración Pública por la Universidad Central del Ecuador dio clases de secundaria y luego se labró una carrera como empresario privado dedicado a la promoción del turismo en su país. En 1998, siendo director de la Federación Nacional de Cámaras de Turismo, unos delincuentes comunes que pretendían robarle le dispararon por la espalda en plena calle; la bala le dañó la médula y como resultado perdió la movilidad de ambas piernas. Postrado en la silla de ruedas con 44 años, Moreno sobrellevó su penosa convalecencia con efectos de transformación personal: resuelto a "volver a vivir", se convirtió en motivador profesional y, a través de libros y conferencias, divulgó los beneficios terapéuticos del humor, la risa, la alegría, el amor, las actividades creativas y, en general, la máxima positividad en todos los aspectos de la vida. En el terreno institucional, encabezó la Dirección Nacional de Discapacidades y puso en marcha una fundación de investigación privada, Eventa.

En 2006 Moreno secundó al economista socialista Rafael Correa como su compañero de fórmula para las elecciones presidenciales por la Alianza PAIS y en enero de 2007 asumió la Vicepresidencia de la República, cargo para el que en 2009 fue reelegido por cuatro años. Durante su sexenio largo como segunda persona del Ejecutivo ecuatoriano, Moreno estuvo volcado en la inclusión social y económica de las personas con discapacidad, así como en la ayuda a las familias, en particular las humildes y pobres, con situaciones de dependencia por problemas de salud o con miembros afectados por enfermedades raras que requiriesen una atención especial. Toda esta labor sociosanitaria, canalizada en las misiones y programas solidarios del Gobierno, mereció el reconocimiento de la comunidad internacional. En 2012 la OEA le escogió para presidir su Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Personas con Discapacidad (CEDDIS), mientras que diputados de su partido le propusieron para el Premio Nobel de la Paz. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, se mostró impresionado por el activismo, en buena medida pionero, desarrollado en su área de especialidad por Moreno, así que en diciembre de 2013, luego de concluir sus responsabilidades gubernamentales en Quito, le nombró su Enviado Especial sobre Discapacidad y Accesibilidad, una oficina de nuevo cuño con despacho en Ginebra.

Disponer de un perfil internacional alto y gozar de unos respeto y simpatías bastante extendidos aureolaron a Moreno como el posible candidato del oficialismo para las elecciones presidenciales de febrero de 2017, a las que Correa, en virtud de la Disposición Transitoria añadida a la Constitución en 2015, ya no podía presentarse otra vez. En octubre de 2016 la Convención Nacional de la Alianza PAIS hizo oficial una proclamación que se daba por segura, a pesar de las polémicas suscitadas por la revelación del cobro de unas remuneraciones del Gobierno mientras trabajaba para la ONU y el cuestionamiento desde la oposición de su misma idoneidad para la jefatura del Estado a la luz de sus limitaciones físicas. Formando binomio presidencial con Jorge Glas Espinel, precisamente el vicepresidente en ejercicio, Moreno hace gala de un talante conciliador y de una personalidad dialogante que marcan el contrapunto formal de su jefe de filas y presidente saliente, Correa, un estadista carismático de carácter fuerte y estilo acometedor con un historial de reacciones impulsivas y hasta irascibles. Ahora, el ex vicepresidente encabeza claramente los sondeos, pero no tanto, parece, como para eludir el balotaje, proeza que desde la restauración de la democracia en 1979 solo ha conseguido Correa y dos veces, en sus reelecciones de 2009 y 2013. Si es elegido presidente, Moreno estrenará las nuevas regulaciones constitucionales del cargo, en adelante abierto a la reelección indefinida.

Como organización que da soporte político al Gobierno de Ecuador, el partido-movimiento Alianza Patria Altiva i Soberana (PAIS), del que Lenín Moreno es primer vicepresidente orgánico, ha quedado un tanto eclipsado por la personalidad poderosa de Correa, su líder indiscutible desde que lo fundara en vísperas de su triunfal llegada al Palacio de Carondelet en 2006.

En su manifiesto ideológico se define el ideario de la formación, que es nítidamente de izquierda y nacionalista. Sus principales banderas son el Socialismo del Buen Vivir (o Buen Vivir, sin más aditamentos, pues la expresión socialismo no es mencionada ni una sola vez en el programa electoral), antes denominado por los correístas Socialismo del Siglo XXI, y la Revolución Ciudadana, y entre sus sustratos se encuentra los legados políticos de los próceres de la independencia y el presidente Eloy Alfaro, así como la Doctrina Social de la Iglesia Católica y la Teología de la Liberación. La inspiración en el movimiento bolivariano de Hugo Chávez en Venezuela no consta en el manifiesto, aunque sí hace mención del ALBA. La Alianza PAIS se describe como un partido genuinamente revolucionario desde el momento en que su objetivo es "la construcción de una sociedad incluyente, solidaria y equitativa", "retoma la larga trayectoria de lucha de los pueblos mestizos, indígenas y afro", y "tiene como opción preferencial a los más pobres, los desposeídos" y todos los "excluidos por la república terrateniente-oligárquica y el Estado burgués". Más en concreto, advoca "diez revoluciones", a saber: social, política y constitucional, económica productiva y del trabajo, medioambiental, urbana, cultural, ética, de la soberanía y la integración, del conocimiento y las capacidades, y de la justicia, la seguridad y la convivencia. El partido matiza que su visión revolucionaria "no se basa en el cambio violento o en nociones arcaicas como la dictadura del proletariado", y que "tampoco busca eliminar la propiedad privada", sino que "apuesta por la democratización de la propiedad y los medios de producción", aserción esta última que parece amparar el acoso del Gobierno Correa a cabeceras de prensa tradicionales críticas con su gestión.

A las elecciones generales de 2017 la Alianza PAIS, que ahora mismo goza de una mayoría absoluta de un centenar de escaños en la Asamblea Nacional de 137 miembros, acude capitaneando el Frente UNIDOS, una amplia coalición progubernamental organizada en septiembre de 2014 y que entre otros incluye al Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), el Partido Comunista del Ecuador (PCE), la Juventud Comunista del Ecuador (JCE) y el Movimiento Político Alfaro Vive Carajo.

Si bien las encuestas le son favorables, la candidatura presidencial de Lenín Moreno presenta un punto débil que no reside en su persona, sino en el legado económico de Correa, con muchos números en rojo. Desde 2011, cuando el PIB avanzó un sobresaliente 7,9%, el crecimiento no ha hecho más que achicarse en consonancia con la evolución declinante del precio del petróleo y en 2016, pese a la recuperación parcial de la cotización del crudo, Ecuador sufrió una recesión de entre el 1,7% y el 2,3%, pésima coyuntura que el Gobierno vincula fundamentalmente al ruinoso terremoto de abril en Manabí. El presupuesto del Estado y la cuenta corriente son deficitarios, y la deuda pública total se ha disparado hasta casi el 39% del PIB, lo que en octubre de 2016 obligó al Ejecutivo a tirar de inventiva técnica para no violar el techo constitucional de deuda del 40%: en adelante, ese cálculo anual solo considerará la deuda consolidada, que es del 27%. Ahora, la merma de ingresos y los ajustes fiscales amenazan con estropear los importantes progresos hechos por el Gobierno de Correa en la reducción de la pobreza, el aumento de la renta nacional por habitante y el desarrollo humano.

El programa que Lenín Moreno y la Alianza PAIS presentan a los electores se sustenta en el pronóstico optimista del Gobierno, el cual sitúa la recuperación económica ya en 2017, escenario que sin embargo no ven nada claro organismos y observadores internacionales. Configurado más como un manifiesto redundante de principios y metas generalistas que como un plan de acción concreto, el documento habla de la "década ganada" por Ecuador e insiste en las revoluciones múltiples a las que el movimiento está consagrado. Expone cinco ejes de actuación que abarcan entre otros temas el compromiso de perseverar en las misiones de providencia social, el Bono de Desarrollo Humano, la erradicación de la pobreza extrema o la promoción de la educación universitaria. El candidato considera "irresponsable" cualquier promesa por parte de sus contrincantes de "bajar o eliminar impuestos" y una "locura" plantearse siquiera la desdolarización de la economía. En el marco de la necesaria "transformación de la matriz productiva" del país, propone al sector privado y los sindicatos un Pacto Nacional por el Empleo, la Inversión Productiva, la Innovación y la Inclusión que contaría con una robusta financiación estatal. En la misma línea, se fija las metas de convertir a Ecuador en un destino turístico de primer orden y de incrementar las partidas exportadoras de bienes agroindustriales y biotecnológicos. Mediante el Programa Empleo Joven calcula poder crear 200.000 empleos para jóvenes. Ellos forman parte, junto con los emprendedores, los campesinos, los emigrantes, las personas con discapacidad y las mujeres expuestas a la violencia de género, de los colectivos de atención prioritaria.
El Programa de Gobierno 2017-2021 'Cambios para renovar la Patria' de la Alianza PAIS puede descargarse en la Web del partido y en la Web del Consejo Nacional Electoral (CNE).
 


Perfil de Guillermo Lasso

Tras sucumbir, con un modesto 22% de los votos, ante un arrollador Rafael Correa en su primera tentativa presidencial en 2013 y sostener un recio pugilato opositor con el Gobierno de la Alianza PAIS en la legislatura que ahora termina, el financiero guayaquileño Guillermo Lasso Mendoza confía en poder imponerse a su adversario del oficialismo, Lenín Moreno, en el balotaje que de materializarse tendrá lugar el 2 de abril. Su acompañante en la boleta presidencial es el asambleísta por Pichincha Andrés Páez Benalcázar.

Este veterano ejecutivo de banca, personalidad gremial y supernumerario del Opus Dei, quien no aguardó a terminar la carrera de Economía en la Pontificia Universidad Católica para hacer una temprana fortuna en el sector privado, adquirió experiencia en el servicio de Estado durante las administraciones presidenciales de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, años en los que fungió de gobernador de Guayas (1998-1999), superministro de Economía y Energía (1999) y embajador itinerante del Gobierno (2003). Luego invirtió unos cuantos años en levantar un proyecto partidario propio de derecha liberal que primeramente se apoyó en el poderoso alcalde socialcristiano de su ciudad natal, Jaime Nebot, y que hasta 2012 no estuvo maduro para fructificar en el movimiento Creando Oportunidades (CREO). Cuando la campaña para las elecciones de 2013 se apuntó que Lasso y CREO, quienes tenían el respaldo del PSC, seducían fundamentalmente al electorado tradicional de la región de la Costa, pródiga en emprendedores hechos a sí mismos -de los que Lasso es un buen ejemplo- y en actividad comercial. Sin embargo, el opositor no consiguió superar a Correa, campeón del voto diversificado, en ninguna provincia del país, tampoco en las costeras, donde de hecho su rendimiento fue más flojo que en algunas provincias del interior serrano y amazónico, como Loja y Pastaza; en la que se suponía era su gran plaza, Guayas, Correa le sacó la friolera de 42 puntos de diferencia.

El antiguo presidente del Banco de Guayaquil y directivo de la Corporación Andina de Fomento es hoy el principal responsable de tres entidades privadas sin ánimo de lucro con sede en Guayaquil: la Fundación Ecuador Libre, dedicada al estudio y seguimiento de las políticas públicas y la coyuntura general del país; la Fundación del Barrio, que ejecuta el Programa de Responsabilidad Social del Banco de Guayaquil; y el Centro Técnico Laboral Montepiedra, dedicado a la inserción laboral y la capacitación profesional de jóvenes con escasos recursos.

CREO, registrado como partido por el Consejo Nacional Electoral (CNE) en enero de 2012 y listado para las elecciones con el número 21, proclama con orgullo sus credenciales firmemente liberales, de corte clásico, en un sentido pro iniciativa privada y pro mercado en lo económico, y, en lo político, de adhesión a principios básicos de las democracias constitucionales como la garantía por el Estado de los derechos individuales, el imperio de la ley y la separación de poderes. "Desaprobamos toda forma de caudillismo, mesianismo o personalismo político", dice el movimiento en su declaración de principios ideológicos. El mantra de CREO es que el Estado no debe poner obstáculos a las fuerzas creativas y las energías productivas de las personas que quieran prosperar en paz y con respeto a la legalidad. Su referente inmediato en la región es el partido Peruanos Por el Kambio (PPK) del ahora presidente del Perú y estadista amigo Pedro Pablo Kuczynski, al que Guillermo Lasso quiere emular. Además, el candidato expresa su admiración por el ex presidente español José María Aznar por su legado de reformas estructurales de la economía del país europeo.

Cuando las elecciones de 2013, CREO articuló en torno a la aspiración presidencial de Lasso la coalición Unidos por el Ecuador, que atrajo entre otras a una formación de mucha solera, descollante en el antiguo sistema de partidos pero luego arrinconada por la Revolución Ciudadana de Correa, la Izquierda Democrática (ID) del ex presidente Rodrigo Borja. Aunque sostenían la candidatura de Lasso, los costeños Partido Social Cristiano (PSC) y Movimiento Cívico Madera de Guerrero (MDG) de Jaime Nebot prefirieron no adherirse a una amplia plataforma en la que habrían compartido espacio con sus inveterados adversarios serranos, los socialdemócratas de ID. Entonces, CREO debutó en la Asamblea Nacional con 11 escaños, exigua representación que sin embargo le acreditó como la primera fuerza de la oposición al Gobierno de la Alianza PAIS.

En 2014 Lasso y sus seguidores presentaron el Compromiso Ecuador para oponerse al proyecto de enmiendas a la Carta Magna lanzado por Correa, y desde octubre de 2016 afrontan las elecciones generales de 2017 coaligados con el centrista Movimiento SUMA de Mauricio Rodas y Guillermo Celi. Una treintena de minúsculos movimientos de ámbito localista toman parte también en esta Alianza por el Cambio, de la que no han querido saber nada tanto la ID como el PSC, dos viejos partidos que se niegan a desvanecerse y que acuden a estas elecciones presidenciales con sus propios candidatos. Aunque CREO es una formación de implantación nacional y, a diferencia del PSC, no está focalizado geográficamente en el Litoral y más en concreto en Guayas, rivaliza abiertamente con la colectividad de Nebot y la abandera presidencial Cynthia Viteri por la captación del votante conservador.

El programa electoral de Guillermo Lasso para 2017, titulado Por un Ecuador Justo, Prospero y Solidario, no difiere sustancialmente del presentado cuando las elecciones de 2013, pero ahora que Ecuador, una vez disipada la bonanza petrolera, sufre los embates de la contracción económica y la "crisis de liquidez", el líder opositor considera que sus recetas son más necesarias que nunca. El documento se estructura en tres ejes, económico, institucional y social, y rebosa fe en las bondades del liberalismo. Partiendo del diagnóstico de que "los actuales problemas económicos no pueden atribuirse solamente a factores externos como la caída de los precios internacionales de materias primas y la apreciación del dólar", y que la esencia de aquellos son "el modelo basado en el gasto público, la inversión estatal y la deuda pública como motores de la economía", CREO sostiene que ha llegado la hora de transformar el modelo de desarrollo y extender la matriz productiva poniendo en el primer plano los otros tres componentes de la demanda agregada, que son el consumo de las familias, la inversión privada y las exportaciones, mejor diversificadas.

La noción de la supply-side economics, o economía de la oferta, asoma en el discurso del ex banquero cuando defiende las ventajas del alivio tributario y la desregulación burocrática, que darían como resultado una mayor oferta de puestos de trabajo, empleo de calidad y productos de consumo más baratos. Más crecimiento, en suma. Con esta fórmula, Lasso vislumbra la creación de un millón de empleos en cuatro años, ofrecimiento que el oficialismo tacha de descabellado. A estas mayores facilidades para los emprendedores y los productores nacionales con mentalidad competitiva Lasso añade el levantamiento de barreras comerciales para insertar al país en los "principales mercados internacionales". De esa manera, Ecuador, país claramente deficitario en inversión extranjera, ofrecería un clima muy favorable para los negocios, arguye. Como acciones concretas, el candidato propugna eliminar 14 tributos, promulgar una Ley Emprende Ya y otra Ley de Oportunidad Laboral, la "independencia técnica" del Banco Central del Ecuador, el "reperfilamiento" de la deuda pública, la "racionalización administrativa" del sector público y una reforma de la Seguridad Social para pasar a un sistema de pensiones mixto que conjugue el componente solidario de reparto y la capitalización individual. Quien abomina del ALBA y deplora que el Gobierno de Correa haya cerrado las puertas al TLC con Estados Unidos cree urgente suscribir acuerdos comerciales con las potencias de Asia y meter a Ecuador en la Alianza del Pacífico. Asimismo, asegura que el Impuesto a la Renta, más allá de los descuentos que un hipotético Gobierno suyo fuera a aplicar, descendería inexorablemente en la medida en que más personas se insertaran en el mercado laboral y dejaran de necesitar el Bono de Desarrollo Humano.

Según el cabeza de CREO, las instituciones republicanas han sido en los años de Correa "débiles", "erráticas", "opacas" y generadoras de "desconfianza". Una "politización de los órganos de control" y una "erosión paulatina del Estado de Derecho" que las reformas constitucionales del mandatario saliente vinieron a consagrar. En consecuencia, urge abrir un nuevo proceso de revisión constitucional para suprimir los puntos conflictivos y reponer el "sistema de pesos y contrapesos". Lasso quiere someter a consulta popular cambios tales como la reelección indefinida de cargos sujetos a sufragio, con el presidente de la República a la cabeza, así como derogar la Ley Orgánica de Comunicación en aras de una "prensa libre" y cumplir de manera efectiva la Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información (LOTAIP) como instrumento para combatir la corrupción. No menos perentorio le parece abordar la reforma de la administración de justicia, a fin de lograr una magistratura "independiente del poder político de turno". En cuanto al eje social de su programa, menos desarrollado que los otros, Lasso habla de superar carencias en los sistemas educativo, sanitario y de vivienda.
El Plan de Trabajo 2017-2021 'Por un Ecuador Justo, Próspero y Solidario' de la Alianza por el Cambio puede descargarse en la Web del Consejo Nacional Electoral (CNE).


Perfil de Cynthia Viteri

La única mujer que concurre, como a ella le gusta recalcar, en las elecciones presidenciales ecuatorianas de 2017 exhibe la soltura mediática y el verbo ágil que en su juventud cultivó como periodista audiovisual y posteriormente en las bancadas parlamentarias. Cynthia Fernanda Viteri Jiménez se formó para ejercer la abogacía en la Universidad de su ciudad de nacimiento, Guayaquil, pero tras graduarse en 1989 trabajó de modelo, vendedora y finalmente de reportera y presentadora de noticieros en varias cadenas de televisión. En 1992 trasladó sus habilidades comunicativas a la administración municipal de Guayaquil, punto de arranque de una militancia en el Partido Social Cristiano (PSC) y de una colaboración estrecha con sus principales líderes, León Febres-Cordero y Jaime Nebot. Un lustro después empezó una fecunda carrera legislativa en las filas socialcristianas, siendo sucesivamente asambleísta constituyente, diputada nacional y asambleísta nacional, mandato este último que prolongó hasta el 7 de noviembre de 2016, más de un mes después de ser proclamada candidata presidencial por segunda vez.

Viteri, progenitora de cinco hijos y gustosa de que se la vea como una especie de madre coraje sin pelos en la lengua, de convicciones firmes y capaz de sacar adelante a todo un país en problemas, saltó al estrellato político nacional en unas circunstancias tumultuosas, incluso peligrosas para su integridad física. Fue exactamente el 20 de abril de 2005, en el apogeo de la revuelta popular contra el presidente Lucio Gutiérrez, destituido aquel día por los congresistas antes de correr a refugiarse en la Embajada brasileña. En calidad de primera vicepresidenta titular y presidenta en funciones del Congreso, donde suplía al cabeza de la institución, el roldosista Omar Quintana, cesado minutos antes, ella fue la encargada de tomarle juramento como nuevo presidente de la República al hasta entonces vicepresidente, Alfredo Palacio. Este episodio elevó el caché político de Viteri, que al año siguiente fue escogida por el PSC como su postulante presidencial. Se trató de una tentativa frustrante para la rubia candidata socialcristiana, que quedó en quinto lugar rozando el 10% de los votos.

En 2009 retornó al primer plano como asambleísta nacional por Guayas en la lista conjunta del PSC y el nebotista Movimiento Cívico Madera de Guerrero (MDG). Como legisladora de la oposición al Gobierno de la Alianza PAIS, Cynthia protagonizó sonadas enganchadas verbales con miembros del oficialismo y con el propio presidente Rafael Correa, quien en 2011 acusó a su madre, María Leonor Jiménez de Viteri, presidenta de la Corte Provincial de Justicia de Guayas y crítica con la sentencia contra el diario El Universo, de estar al frente de "una de las cortes más corruptas del país", por lo que debía renunciar. Fue célebre la carta, remitida a los medios, que Viteri le envió entonces a Correa, puesto de "ignorante", "cobarde" e "hipócrita" por atentar contra la honorabilidad de su madre y encubrir la "corrupción escandalosa" de su propio Gobierno. Antagónicos en todo lo demás, Viteri y Correa han competido estos años en fogosidad y vehemencia.

El PSC, adalid del tradicionalismo conservador y el dinamismo proempresarial de la Costa ecuatoriana que remonta sus orígenes a 1951, conoció sus últimos días de gloria como formación de proyección nacional entre 1984, cuando su caudillo guayaquileño, León Febres-Cordero, ganó la Presidencia de la República, y 2006, cuando el torbellino de Rafael Correa y la Alianza PAIS empezó a dinamitar el esquema de partidos, desplazando a las agrupaciones antes dominantes a una periferia y a una irrelevancia que en algunos casos (la DP-UDC, el PRE, el PRIAN, temporalmente la ID) terminó en la disolución. Los socialcristianos, que habían sido la primera fuerza parlamentaria entre 1990 y 1998 y de nuevo desde 2000 hasta 2006, se salvaron de la quema gracias al bastión personal del alcalde Jaime Nebot en Guayaquil, la gran urbe portuaria, corazón comercial y financiero de Ecuador, plaza en la que tuvieron como rivales a los líderes populistas Abdalá Bucaram y Álvaro Noboa. Nebot quedó segundo en las elecciones presidenciales de 1992 y 1996, por detrás respectivamente del cofundador del partido Sixto Durán-Ballén (pero entonces al frente de su propia agrupación, el PUR) y Bucaram por el PRE, mientras que Xavier Neira y Cynthia Viteri compartieron quinta posición en 2002 y 2006. En la edición de 1998 el PSC apoyó al democristiano Jamil Mahuad, en 2009 tampoco postuló candidato propio pero no respaldó a ningún otro y en 2013 pidió el voto para el banquero guayaquileño Guillermo Lasso por el movimiento CREO.

Desde 2009 el PSC, cuyo presidente nacional es en la actualidad Pascual del Cioppo, mantiene una estrecha alianza con el Movimiento Cívico Madera de Guerrero (MDG), el partido localista puesto en marcha por Nebot, pero fuera de esta asociación íntima la veterana formación no ha sido capaz o no ha mostrado mucho interés en forjar alianzas más amplias y sólidas. Las relaciones con CREO se deterioraron tras las elecciones de 2013, hasta el punto de que hoy el partido de Lasso, objeto de pullas y ataques desde el socialcristianismo, es un competidor directo, aunque ventajoso, en el campo del centro-derecha liberal. Por otro lado, la coalición anticorreísta anunciada en febrero de 2015 junto con el Movimiento SUMA del alcalde de Quito Mauricio Rodas y el Movimiento Juntos Podemos del prefecto de Azuay Paúl Carrasco, la llamada Convergencia Democrática por la Unidad -o simplemente La Unidad-, a la que meses después se adhirieron otras colectividades, empezó a desintegrarse ya en agosto de 2016. El 31 de octubre siguiente Viteri, recién proclamada candidata presidencial de una Convergencia que hacía aguas, salió a anunciar la disolución formal de La Unidad. De esta manera, el PSC llega a las elecciones generales de 2017 en solitario, luciendo más que nunca su imagen de partido solo costeño y prácticamente guayaquileño. Una percepción reduccionista del público que Viteri se afana en corregir abriendo distancias de Jaime Nebot y escondiendo la propia sigla del PSC, que deja paso al eslogan-logotipo Cambio Positivo.

En su Plan de Gobierno 2017-2021, Viteri y el PSC advierten que el país se encuentra "devastado" por el control político de los poderes del Estado, el aumento del desempleo, la corrupción, la droga y, como remate, el desplome productivo. "La credibilidad en el Ecuador está por los suelos en mediciones mundiales de modernidad (...) Somos una parodia del Socialismo del Siglo XXI que puede terminar en una crisis humanitaria si no enrumbamos al país en seguida hacia un cambio positivo", añaden en su análisis sombrío.

Su repertorio de medidas para arreglar las cosas, aunque, puntualizan, "privilegiando la economía social de mercado", viene recogido en un plan genérico de emergencia económica que denominan PROGRESA, entre cuyos objetivos se encuentran: atraer inversiones privadas, nacionales y extranjeras, para acometer obras de infraestructura y dinamizar los sectores del petróleo, la minería, la agroindustria, la manufactura, la banca y el turismo; impulsar, de nuevo mediante la retirada de "impuestos excesivos" y trabas burocráticas, y en paralelo a una robusta oferta de microcréditos, el emprendimiento privado, la contratación laboral y el consumo de los hogares; y en el ámbito político-institucional, una revisión rápida de la Constitución por la vía de la consulta popular para "derogar y promulgar lo que consideremos necesario para implementar el Plan de Gobierno". Entre los objetivos a batir figuran la Ley de Comunicaciones, como "punto de partida para la recuperación y el respeto de las libertades", y el no menos polémico Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS, la institución central de la cuarta función o poder del Estado establecido por la Carta Magna de 2008), para que el país "instaure un sistema democrático con verdadera separación de poderes, justicia y órganos de control independientes, y sistema electoral transparente".

Los heraldos del Cambio Positivo contemplan asimismo alzas salariales "responsables", ajustadas a la inflación y la productividad, fortalecer el sistema público de salud, y "mantener y proteger" la dolarización. La candidata promete no cobrarles la factura de la luz, hasta un consumo medio de 120 kilovatios/mes, a un millón de familias con bajos ingresos, mientas que en la ineludible oferta de trabajos se posiciona en un punto intermedio entre las promesas más audaces y más prudentes de sus adversarios electorales: ella se decanta por crear 800.000 empleos. Viteri pone un especial énfasis en el capítulo de la prevención y el combate al narcotráfico, lacra que a lo largo de sus cinco mandatos como parlamentaria colocaba en la diana cuando formulaba sus propuestas de reformas legales. Así, quiere que se endurezca el Código Penal para todos los delitos relacionados con las drogas y el crimen organizado. En la política internacional, la dirigente socialcristiana desea la "desvinculación inmediata de organismos" que, como el ALBA o la UNASUR, "no representan beneficio ni prestigio", amén de la preparación de tratados de libre comercio con Estados Unidos y los países de la Alianza del Pacífico.
El Plan de Gobierno 'Cambio Positivo' 2017-2021 del PSC puede descargarse en la Web de la candidata y en la Web del Consejo Nacional Electoral (CNE).


Perfil de Paco Moncayo

El general quiteño Francisco (Paco) Moncayo adquirió su primer relieve nacional en 1995 cuando, mandando el Estado Mayor del Ejército a las órdenes del presidente Sixto Durán-Ballén, se distinguió como el jefe del teatro de operaciones amazónico en el breve aunque intenso conflicto bélico fronterizo con Perú. Tras la conocida como la Guerra del Cenepa, en la que las armas ecuatorianas llevaron la mejor parte, Moncayo sumó más condecoraciones y galones a su uniforme, pasando a lucir las insignias de comandante general del Ejército y jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. En 1997 el alto oficial volvió a atraer los focos televisivos con su declaración de "neutralidad" del Ejército, como la institución "absolutamente apolítica" que era, en el clímax del grave conflicto que enfrentaba al presidente Abdalá Bucaram y el Congreso controlado por la oposición. Aquel pronunciamiento, que implícitamente contenía el desahucio de Bucaram por el alto mando castrense, resultó decisivo para que el Congreso, horas después, aprobara destituir al turbulento mandatario por "incapacidad mental".

En 1998, tras 40 años de servicios de armas, el máximo fijado por la ley, Moncayo abandonó la milicia y emprendió una carrera política en la Izquierda Democrática (ID), uno de los partidos que habían votado por la caída de Bucaram. Se trataba de un terreno que en su familia ya había transitado el padre, el difunto congresista Francisco Moncayo Altamirano. Elegido primero diputado nacional, en 2000 arrebató al democristiano Roque Sevilla la Alcaldía Metropolitana de Quito, tradicional cantera de votos de la ID pero que a nivel municipal nunca había estado gobernada por la formación fundada por ex presidente Rodrigo Borja. En 2004 Moncayo encadenó un segundo mandato en el consistorio capitalino y en 2005 contribuyó a atizar el repudio popular al entonces presidente, Lucio Gutiérrez, ambiente de rechazo que desembocó en la famosa rebelión de los forajidos. Durante los nueve años de gestión municipal de Moncayo, Quito vio crecer sus infraestructuras de servicios y regenerarse espacios urbanos.

Posteriormente, entre 2009 y 2013, el antiguo militar representó a Pichincha en la Asamblea Nacional salida de la Constitución correísta. Aquel último año fracasó en el intento de renovar el escaño por Ruptura 25, un movimiento de izquierda que acabó disolviéndose poco después. Por último, el primero de octubre de 2016, Moncayo, una vez reincorporado a la ID, fue nominado candidato presidencial por el centroizquierdista Acuerdo Nacional por el Cambio.

Lanzado por el jurista Rodrigo Borja Cevallos en 1968 y registrado como partido en 1978 al socaire de la transición democrática desde el régimen militar, Izquierda Democrática (ID) funcionó durante casi tres décadas como la opción mayoritaria de las élites políticas de la región de la Sierra en su versión más progresista, valedora de unas ideas de inspiración socialdemócrata que brindaron a su artífice amplios apoyos en Europa y el ingreso en la Internacional Socialista. Borja, en su tercera tentativa en estas lides, ganó las elecciones de 1988 y presidió Ecuador hasta 1992. A partir de ahí, la ID perdió definitivamente el pulso electoral con su contrincante derechista de la Costa, el Partido Social Cristiano (PSC), que mantuvo intacto su fortín proselitista en la populosa Guayaquil, dando comienzo un declive de representatividad popular que las postulaciones presidenciales cuarta (1998) y quinta (2002) de Borja solo consiguieron ralentizar. Con la jubilación de su líder histórico, ID vio acelerarse su ocaso electoral: en 2006, como en 1996, no presentó candidato a las presidenciales que ganó Rafael Correa, en las elecciones constituyentes de 2007 solo metió tres asambleístas y en las legislativas de 2009 únicamente a dos. Fracturada en dos facciones enfrentadas, la una favorable al diálogo con el Gobierno de la Alianza PAIS y la otra hostil al mismo, la ID quedó inoperante y en 2013 acabó perdiendo su personería jurídica por decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Parecía que la ID, al igual que otros partidos prominentes desde el retorno de la democracia (la DP-UDC, el PLRE, el PRE y el PRIAN), estaba difunto y sepultado a efectos oficiales, pero en agosto de 2016 sus miembros consiguieron resucitarlo desde la alegalidad entregando el pliego requerido de firmas al CNE, que procedió a reinscribirlo con su tradicional lista electoral, la 12. Semanas después, la ID, bajo la presidencia de Wilma Andrade, postuló para las elecciones presidenciales de 2017 a Paco Moncayo. El ex general y ex alcalde de Quito fue aclamado como el abanderado presidencial también del Acuerdo Nacional por el Cambio, coalición formada en mayo anterior en la que la ID se daba la mano con el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), el Movimiento Unidad Popular (UP), el Centro Democrático Nacional (CDN) y el Frente Radical Alfarista (FRA), entre otros colectivos del centro y la izquierda contrarios al Gobierno de Rafael Correa. Para completar el binomio presidencial, el Acuerdo Nacional por el Cambio eligió a la guayaquileña Montserrat Bustamante.

Los aspectos más distintivos del Plan de Gobierno de Pablo Moncayo, quien se explaya sobre un Acuerdo Nacional de carácter triple, por la "prosperidad", por el "bienestar" y por la "libertades", pueden son dos: primero, la insistencia en compaginar, por un lado, la acción del Estado para la protección social de los ciudadanos y la reactivación de la economía sobre bases diversificadas y sostenibles y, por otro lado, la "administración responsable de los recursos públicos", lo que requiere del Gobierno la austeridad fiscal, la supresión de gastos corrientes superfluos, el compromiso con unas metas de balance estructural y una auditoría de toda la deuda pública como paso previo a su "renegociación"; y segundo, el hincapié progresista en la lucha contra la violencia de género y los abusos sexuales, y en favor de la participación igualitaria de la mujer en la sociedad, preocupación esta última que incluye la aceptación del aborto en cualquier caso de violación, no únicamente, como contempla la muy restrictiva legislación ecuatoriana, las sufridas por mujeres con discapacidad mental.

El candidato del Acuerdo Nacional por el Cambio cree factible crear 280.000 puestos de trabajo a través de obras públicas de servicios básicos, principalmente redes de agua potable y alcantarillado, ofrece incentivos tributarios a las mipymes, sobre todo las agroindustriales, para ganar competitividad e innovación dentro de una reducción general de gravámenes, cotizaciones y aranceles, y se propone dar más progresividad al sistema impositivo. No olvida las invocaciones a "fortalecer" la dolarización y de la "mano dura" con el crimen organizado y el narcotráfico. En la vertiente política e institucional, donde advierte un preocupante "deterioro democrático" producto del "hiperpresidencialismo" de Rafael Correa, Moncayo defiende una "tolerancia cero" a la corrupción, la autonomía de los organismos de vigilancia de los actos el Ejecutivo, la independencia de la función judicial, la supresión del Consejo de Participación Ciudadana y de la misma Función constitucional de Transparencia y Control Social, y, para garantizar la "libertad de expresión", una "reforma integral" de la controvertida Ley de Comunicación acompañada de la supresión de la Superintendencia de Telecomunicaciones (SUPERTEL). Solo con un "cambio radical de régimen" y la instalación de un "Gobierno de amplia base popular, honrado, experimentado y responsable", comprometido con la "construcción de la democracia integral y radical, la lucha contra la corrupción, la creación de empleo, la superación de la pobreza y la inclusión social", podrá Ecuador dejar atrás la "profunda crisis" en que se halla, proclama el programa de la ID, cuyo objetivo fundamental no es otro que "lograr la justicia social en el marco de la libertad".
.El Plan de Gobierno 2017-2021 de ID puede descargarse en la Web del partido, en la Web del candidato y en la Web del Consejo Nacional Electoral (CNE).

(Cobertura informativa hasta 10/2/2017).